Tras la tormenta, los pamplonicas (ya sé que no se escribe así, pero es así como nos reconocemos) asomamos lentamente nuestras antenas de caracoles, para salir a inspeccionar la ciudad. Si a la soledad de las calles le sumamos el placer que provocan las tormentas de verano, ya tenemos la excusa perfecta para dar un garbeo.

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