Es un tema complicado que puede generar afirmaciones simplistas. Pero me parece tan abrumador lo que estoy viendo en Pamplona, que me siento en la obligación de reflejarlo en algún soporte. Son escenas que no puedo borrar de mi cabeza, y que se están repitiendo con bastante asiduidad durante este comienzo de sanfermines. Negros escondiéndose con sus enormes fardos de plástico entre los coches, mientras policías de diferente tipo, especialmente municipales, patrullan en grupo o en sus vehículos por los lugares donde solían situarse para vender, y especialmente por la Avenida de Carlos III. Les amenazan con la confiscación de todos los productos que cargan, y que son su principal sustento.

Es innegable que su presencia cada vez era mayor, y que había que tomar alguna medida para que la situación no acabara por desbordarse. Pero de ahí a prohibir por completo la venta ambulante, a negarles el derecho a ganarse el pan, me parece que hay un salto muy grande y peligroso. El anterior alcalde los trató con mayor humanidad, y por lo general hizo la vista gorda, lo que generó multitud de protestas por parte de amplios sectores de derechas, que tomaron este tema como una de las banderas de cara a “recuperar y limpiar” las fiestas para la “gente normal”. Reconozco que no es un tema de fácil solución, pero borrarlo sin buscar otras soluciones intermedias me parece un error. Muchos de los vendedores ambulantes que recorren estos días temerosos la ciudad carecen de papeles y, por consiguiente, del derecho a trabajar. Ese fardo que cargan, la diferencia de lo que pagan por lo que venden, es el único sueldo al que tienen acceso.

Sé que el nuevo alcalde nació en Montevideo (Uruguay) y que a los cuatro años se vino a vivir a Pamplona, como muchos de los que nos hemos afincado aquí. No sé si residió en ese país latinoamericano porque sus padres debieron emigrar allá para ganarse la vida. Si así fuera, estaría bien que echase la vista atrás y mostrara un mínimo de empatía hacia estas gentes. Porque la emigración es imparable, y las prohibiciones y la represión, como suele ocurrir, no van a traer más que sufrimiento y dolor, ese mismo que transmiten estos días los grandes ojos oscuros de los manteros. Un excelente presidente y estadista también uruguayo, José Múgica, declaró en alguna ocasión que el futuro de Europa es de color moreno. Deberíamos abordar los nuevos tiempos, y no esconderlos bajo el felpudo de la fiesta.

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