Cuando camino por el decrépito y a la vez fabuloso Casco Antiguo de Tarragona, me alegra contemplar cómo algunas de las pintadas callejeras con las que tropezara años atrás siguen resistiendo al paso de los tiempos impresas en las paredes, sin que nadie opte por borrarlas. Una de estas muestras de arte callejero es la que retrato en estas fotos, y en cuyo fondo de color añil se puede leer una frase fundamental y verdadera: “Cada mañana es un regalo”.

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