Otra fábrica engullida

En el año 2013 dejó de salir humo de las chimeneas de la fábrica de Huici-Leidán en Olaz, tras casi medio siglo de historia. A las orillas del río Arga, en su interior se fabricaba almidón de trigo para las empresas papeleras o cerveceras. La llegada del almidón de maíz mermó su productividad, y diversos factores como inundaciones o incendios precipitaron su cierre definitivo y el despido de toda la plantilla. Para nuestras autoridades, el legado industrial no merece ninguna conservación. Finalmente, la fuerza de la naturaleza y el pillaje de los visitantes y grafiteros acabará por engullir esta construcción emblemática de Eguesibar.

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Almorranas garrapiñadas

El humor asoma por las calles de nuestras ciudades. Esta frase en concreto la encontré en la puerta de un garaje de la calle Navarrería de Estella:

-¿Eres diabética, verdad?

-Sí, ¿Cómo lo sabes?

-Porque tienes las almorranas garrapiñadas.

Txantxangorria naiz

Seguro que este petirrojo del valle de la Ultzama (txantxangorria en euskera), con el plumaje mojado por la tormenta, habrá pensado al verme: “¡Ya me dejará el pesado ese comer la lombriz en paz!

Un tango en el Arga

Paseaba por Uharte, por un camino que bordea el cauce del río Arga. Vi a estos dos árboles y me sentí ante un par de bailarines de Tango, disfrutando a cámara lenta del frenesí de sensualidad que proporciona este baile. Lo del cabezazo que me di contra otro árbol acaeció segundos después. Definitivamente, mi forma de bailar el tango es un poco más ruda que la de los porteños.

Nuevo sistema

En un pueblo de la comarca de Pamplona encontré este rótulo a la entrada de una casa. La frase pretendía disuadir al futuro ladrón con consecuencias imprevisibles, si por un casual se le ocurría saltar la verja. Me imagino al hipotético ladrón delante de la advertencia, con la mano en la barbilla y preguntándose sobre las carácterísticas de ese nuevo sistema.

Abarrotsa

Abarrots significa en euskera algo así como”sonido de rama”. Es la palabra que designa el roce del viento entre los árboles. Desconozco si en castellano existe alguna palabra para referirse a este fenómeno de la naturaleza. En el vídeo se puede ver y escuchar la abarrotsa que mantienen estos castaños y helechos de la zona de Eugi.

Todas me miran

El Casco Viejo es probablemente el barrio más vigilado de toda Iruñea. Y se trata de una vigilancia silenciosa e invisible, posible gracias a una tupida red de cámaras que cubren cada una de sus calles y txokos. Se colocaron con la excusa de la kale borroka y los disturbios, y pasada esa época nadie se ha planteado su desaparición, ni blancos ni rojos. Lo triste, me temo, es que a la mayor parte de la población le va el rollo de sentirse vigilada: -Total, si no has hecho nada malo, ¿qué mas da que estén las cámaras?

Me ha venido a la cabeza lo de la videovigilancia al ver esta composición en la esquina de la calle Descalzos con Jarauta. Parece la figura de un sheriff vigilando la entrada al chino.

Unos rayicos de sol

Pocas sensaciones se me antojan más placenteras durante los días fríos. Una mujer aprovecha para leer mientras recibe una prolongada dosis de energía solar, apoyada en la caseta de Cordeleros, en el entorno del Redín de Iruñea. La cruz que corona esta construcción de piedra sobre la que descansa su espalda hace pensar a muchos pamploneses que se trata de una ermita, pero al parecer sus usos han estado históricamente bastante alejados de lo religioso.

Coquetterie

Me quedo maravillado al contemplar a una señora mayor preparándose para salir. Es como una ceremonia: Cómo desdobla las ropas que tiene ordenadas con mimo en los armarios, cómo se pinta la cara, cómo llena y vacía su bolso antes de salir, cómo se dispone a enfrentar con dignidad un nuevo día.

La fotografía está tomada en el Casco Antiguo de Iruñea.

Bendeciré

Muchas casas de pueblos navarros lucen en sus puertas estas placas de metal esmaltado, en honor al Sagrado Corazón de Jesús. Servían para indicar el carácter católico del hogar durante los convulsos años de comienzos del siglo XX y quizás también como amuleto. Frecuentemente estaban acompañados dentro de la casa por una figura de Jesús sentado en un trono.

Durante la Guerra Civil muchos soldados del bando sublevado llevaban cosida entre sus ropas una imagen del corazón en fieltro, y la denominaban “detente”, ya que pensaban que podía detener las balas del enemigo.

En los pueblos del norte de Navarra se encuentran estas placas también escritas en euskera, como esta de Lantz, en la que dice que “Bendeciré las casas en las que colocan y honran la imagen de mi corazón. Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi corazón, y jamás será borrado de él.”.

En mi fototeca dispongo de decenas de fotografías de placas similares. Se trata de otra obsesión fotográfica más.

Luces sobre la vieja Lizarra

De repente ha oscurecido. Caminamos en ese intervalo que va desde las 7 hasta las 8 y pico de la tarde, justo antes de que echen las persianas los negocios de la ciudad. Me gusta esta serie de fotografías porque tienen de común denominador la oscuridad, primero, y el escenario que crean los haces de luz reflejados por las bombillas en las calles de Estella, después.

El sol se esconde por Badostáin

Una tarde cualquiera de esta primavera que viene adelantada paseaba desde Ardanaz a Badostáin, cuando el sol reflejaba sus últimos fuegos sobre las telarañas que hemos ideado los seres humanos para transportar la energía y poder vivir siempre de día.

Sólo tengo una bicicleta

Cuando leí alguna de las siguientes estrofas que Rafael Alberti dedicó a la bicicleta, me sentí totalmente reflejado, y feliz de que así fuera, mi vida, entre los adoquines grises de la calle del Carmen de Iruñea, camino a los 50:

“A los cincuenta años, hoy, tengo una bicicleta.
Muchos tienen un yate
y muchos más un automóvil
y hay muchos que también tienen ya un avión.
Pero yo,
a mis cincuenta años justos, tengo sólo una bicicleta.

He escrito y publicado innumerables versos.
Casi todos hablan del mar
y también de los bosques, los ángeles y las llanuras.
He cantado las guerras justificadas,
la paz y las revoluciones.
Ahora soy nada más que un desterrado.
Y a miles de kilómetros de mi hermoso país,
con una pipa curva entre los labios,
un cuadernillo de hojas blancas y un lápiz
corro en mi bicicleta por los bosques urbanos,
por los caminos ruidosos y calles asfaltadas
y me detengo siempre junto a un río,
a ver cómo se acuesta la tarde y con la noche
se le pierden al agua las primeras estrellas”.

Una charca camino a Badostáin

Dicen quienes se dedican a medir este tipo de fenómenos que 1942 fue el invierno más frío de cuantos se recuerdan en Navarra, en el duro escenario de la posguerra, con una media de 2,4 grados de temperatura. El de 2019 no está resultando tan duro en lo meteorológico, ni mucho menos, pero la lluvia, el viento, el frío intermitente, y los pronósticos del tiempo del móvil o de la televisión, nos empujan a aislarnos dentro de las casas.

A veces resulta un acto de disciplina mental tomar la decisión de salir al exterior a soltar nuestros músculos entumecidos y a vencer a los encantos de la persuasiva vagueza.

A lo que iba, que he salido a dar un piri en un día desapacible de invierno, y que me he encontrado con esta charca cuando caminaba hacia Badostáin. Me gustan estos colores pardos.

Empezamos a construir algo…

Eso es lo que significa esta frase en euskera: “Zerbait eraikitzen hasi ginen…”. Una frase que deja las puertas abiertas a una segunda parte gracias a sus tres puntos suspensivos.

La frase estaba escrita en el portal de un edificio que sirvió como gaztetxe en la calle Compañía de Iruñea, frente al albergue de peregrinos.

Oscurece en la catedral

Probablemente sea una de las imágenes más repetidas en este blog. Esta fotografía, de tonalidades azul-oscuras y con las chispas amarillas de las farolas salpicando la oscuridad como luciérnagas estáticas, la tomé a la noche desde la Baja Navarra siguiendo la ripa del río Arga hacia la catedral.

Malabaristas en la Baja Navarra

En la Avenida de la Baja Navarra, en Iruñea, de vez en cuando, un malabarista se suele apostar con su bici en medio de la calzada, y realiza unos cuantos ejercicios con las mazas mientras el semáforo se pone en verde para los coches. Por un momento consigue centrar la mirada perdida de los conductores que recién abandonan sus puestos de trabajo.

Frente al Niza

El Niza es uno de los bares clásicos de Iruñea. Un día entre semana, a eso de las 9 de la noche, la gente desaparece de las calles y se dirige a sus hogares, como la señora del bolso que va concentrada en su móvil. Si no fuera por este detalle podría pasar por una instantántea de los años 30.

Me gusta la composición de la imagen, y las gamas de colores que contiene.

Cuestión de perspectivas

Según la perspectiva, la interpretación de la realidad puede ser muy diferente, e incluso equivocada.

Aquí, un pino del monte de Berriozar, y el objetivo de la cámara rozando la base de su lomo.

Orgi en invierno

El bosque de Orgi es un robledal atlántico situado cerca del pueblo de Lizaso, en Ultzama, que ha llegado hasta nuestros días gracias al pasto que producían sus árboles, que servía de alimento para el ganado de la zona. En invierno, cuando empieza a oscurecer, las ramas desnudas de sus robles europeos y americanos dibujan un escenario en blanco y negro tenebroso y cautivador a la vez. Cualquiera diría que las ramas te van a atrapar de un momento a otro, para abrazarte y transportarte a su mundo bajo la tierra.

Ya están ahí

Ya se han quitado las caretas y los complejos. Ya no esconden sus opiniones. Ya no se reservan para el calor del hogar o el barullo de la tasca. La ultraderecha se expande por el mundo como una voraz célula maligna, y es en internet en donde ha encontrado su caldo de cultivo perfecto. Parece que a la gente le gusta ese mensaje simple de los foros de internet, ese mundo en donde todo es blanco o negro, esa sociedad en donde todo se puede arreglar con más muros y con más policías.

Está esvástica nazi tachada la encontré en una pared de Sarriguren.

El río Ultzama baja enojado

Las últimas lluvias se dejan notar en el curso del río Ultzama, antes de su confluencia con el río Arga, en el batán de Atarrabia. El río ruge con una fuerza desmedida y se lleva por delante todo lo que encuentra a su paso. Al fondo de las imágenes se puede observar el puente de peregrinos de la Trinidad de Arre.

La fregona de la plaza de conde Rodezno

De pequeños a esta zona del Segundo Ensanche de Pamplona la conocíamos como la “Zona Nacional”, por la cantidad de personas pudientes afectas al régimen franquista que allí vivían. Nos daba cierto respeto pasear por estas calles. Hoy de camino a la Plaza del Castillo he encontrado esta fregona en uno de los portales de la plaza. Me ha parecido una imagen muy simbólica. Que cada cual la interprete como quiera.

Arga impresionista

Me gusta esta fotografía que he tomado hoy del río Arga desde el puente de la Rotxapea. Y me gusta porque la desnudez y los tonos pálidos de este incipiente invierno se expresan a través de estas pinceladas que recuerdan a la pintura impresionista.

25 años de palabras bonitas zapatistas

Recuerdo hace algunos años, con la Venezuela de Chávez, un escritor euskaldún se rió de mí cuando le hablé del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Me dijo con sorna que la lucha de los indígenas zapatistas no servía para nada, que había que seguir la revolución bolivariana, que los zapatistas sólo hablaban bonito pero nada más. El otro día volví a leer a este mismo escritor, pontificando sobre algunas otras cuitas, explicando qué es bueno y qué es malo, quién es buen luchador y quién no, sin remordimiento alguno por las palabras vertidas con alegría años atrás…

Han pasado 25 años desde que los hombres y mujeres zapatistas se alzaran en armas contra el mal gobierno, y ahí siguen, con su lucha autónoma, con sus palabras bonitas, sembrando de dignidad sus semillas en estas tierras de monocultivo neoliberal.

Y yo recuerdo a esos niños y niñas que conocí entonces en aquellas zonas selváticas de la Selva Lacandona, en los Altos de Chiapas, en Altamirano, en Roberto Barrios, en El Calvario, en Roberto Barrios, en Ocosingo, en Ibarra… Y pienso que ya tendrán 25 años más, los que hayan logrado sobrevivir, y que ya tendrán sus familias, sus milpas, sus cosechas de café. Y que seguirán cubriéndose la cara con el pasamontañas o el paliacate rojo.

Es a ellos a quienes quiero dedicar estas primeras palabras del 2019. Y pedirles disculpas por mi largo silencio, porque, sabéis, amigos, la vida aquí también ha estado y sigue estando jodida. Espero de corazón volver a encontrarme algún día con ustedes. Porque como decía el subcomandante Marcos:

No morirá la flor de la palabra,
podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy,
pero la palabra que vino desde fondo de la historia y de la tierra
ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.
Nosotros nacimos de la noche.
en ella vivimos, moriremos en ella.
Pero la luz será mañana para los más,
para todos aquellos que hoy lloran la noche,
para quienes se niega el día,
para quienes es regalo la muerte,
para quienes está prohibida la vida.
Para todos la luz. Para todos todo.
Para nosotros la alegre rebeldía,
para nosotros nada.
Aquí estamos somos la dignidad rebelde,
el corazón olvidado de la patria.

El día después

A veces me imagino a mi ciudad dentro de un escenario bélico. La guerra ha explotado y ha borrado cualquier signo de vida entre sus calles. Sólo las personas más valientes y los animales más fuertes, como las ratas, las cucarachas o las palomas, se atreven a salir y a  rebuscar con sus hocicos y picos entre las basuras esparcidas por los adoquines. El repique de las campanas de la catedral sigue marcando las horas en este escenario de desolación y muerte.

El frío se nos cuela en Iruñea

El frío ya ha llegado al fin, para quedarse. Cuando los últimos rayos de sol se esconden y dejan de calentar, consigue colarse entre nuestros ropajes provocándonos un pequeño estremecimiento. Quienes tenemos un techo en donde guarecernos tendemos a buscar un refugio. Las calles se vacían e incluso los gorriones se esconden en algún lugar, entre los resquicios de los edificios de la ciudad o entre las ramas de los árboles, para hacerle frente a la gélida noche.

La fotografía la tomé en la Media Luna, a eso de las siete y media de la tarde. Al fondo a la derecha se perfila la enorme mole de la catedral.

Otro bonito banco rojo

Pasan desapercibidos. Apenas nadie se fija en ellos. Acaso los operarios del ayuntamiento cuando les tienen que dar una nueva mano de pintura. Pero si los bancos rojos característicos de nuestra ciudad desaparecieran, perderíamos una de nuestras señas de identidad, uno de los símbolos visuales que nos unen a este lugar en el mundo que es Pamplona.

El banco de la imagen lo encontré en el huerto urbano comunitario de la calle Jarauta, “Piparrika”. Alguien había tenido el detalle de acompañarlo con un tiesto vestido de lana.

Día de niebla en Iruñea

Alguien me lo ha dicho, que me repito más que el ajo. Que siempre saco las mismas fotos, que se repiten los escenarios, los ángulos y todo lo demás. Y probablemente sea cierto. Pero es que es lo que me sale a la hora de fotografiar, lo que me lleva a pulsar el dedo índice de la mano derecha.

Aquí, las imágenes que he congelado con la cámara durante un día de niebla en Iruñea. La leche del desayuno se ha colado cual serpiente entre las calles de mi ciudad.


Mariposas en diciembre

Hoy paseaba por la falda del monte Ezkaba cuando he tropezado con un par de mariposas que jugueteaban con brío, en un claro que se abría en el pinar de la cima. Una de las mariposas ha tenido la gentileza de posarse unos segundos en una piedra, y me ha regalado esta foto.

Más tarde, en casa, he leído que se trata de una mariposa de la especie “Vanesa atalanta”, que es una de las que más tarda en desaparecer en invierno, y que no es raro verla volar durante los días soleados de esta fría estación. Habita regiones como Norteamérica, Europa o Asia.

Los ginkgos amarillean en la Taconera

Todos los años, hacia estas fechas, los ginkgos del parque de la Taconera de Iruñea sueltan sus peculiares hojas amarillas e inundan el suelo con una fabulosa explosión de color. El ginkgo biloba es un árbol de origen japonés que se caracteriza por su fortaleza. De hecho, cuando en 1945 los estadounidenses lanzaron la bomba atómica sobre Hiroshima fue  uno de los pocos entes que sobrevivió y consiguió brotar entre las ruinas de un templo budista. Los japoneses denominaron a estos árboles hibakujumoku. Se trata de un auténtico fósil viviente, que apenas ha cambiado desde hace 270 millones de años.

Reflejo de la torre de San Cernin en un charco

Estamos en medio del Puente Foral, denominado así porque coinciden varias fiestas en Iruñea, como la de su patrón San Saturnino, la del de Navarra San Francisco Javier, el día de la Constitución… Y muchos de nuestros vecinos parten para disfrutar de estos días de vacaciones fuera de la ciudad, después de hacer cálculos con los días de vacaciones y el calendario laboral a fin de cuadrar varios días de holganza.

Parece que el que no sale es pobre, o tonto. Pues bien, no sé si yo me encuentro en alguno de estos dos grupos, pero he de reconocer que es cuando más gozo con mis paseos por la ciudad.

En la fotografía, un reflejo en un charco de la calle Jarauta de la torre de San Cernin, símbolo de poder de los occitanos de Cahors que se hicieron fuertes en este barrio.

María Luisa Elío y el otoño de la Media Luna

Poca gente sabe que Gabriel García Márquez dedicó “100 años de soledad” a una navarra, a María Luisa Elío, víctima del exilio al que se forzó a miles de personas cuando Franco ganó la Guerra Cívil. María Luisa era la menor de las tres hijas de Luis Elío Torres, quien fuera juez municipal y que por su afinidad republicana pasó la guerra escondido entre familias pamplonesas porque los nacionales pugnaban por su cabeza. García Márquez señaló en una entrevista: “María Luisa Elío, con sus vértigos clarividentes, y Jomí García Ascot, su esposo, paralizado por su estupor poético, escuchaban mis relatos improvisados como señales cifradas de la Divina Providencia. Así que nunca tuve dudas, desde sus primeras visitas, para dedicarles el libro”.

María Luisa Elío fue la autora de la biografía “Tiempo de Llorar’, en la que cuenta su regreso a Pamplona desde el exilio de México en el año 1970, junto a su hijo Diego de 6 años de edad. Es uno de los relatos más desgarradores del exilio, del regreso a una ciudad que sólo permanece viva en la memoria, y que de repente ha dejado de pertenecerle. “Regresar es irse”-que diría la escritora navarra.

En su estancia en Pamplona María Luisa Elío recorrió estos parques de la Media Luna que aparecen en las fotos, con una sensación de ahogo existecial tremenda: “Empiezo a buscarme y no me encuentro; soy muy pequeña. Quisiera preguntar a todo el mundo si me ha visto, decirles que tengo cinco años y me he perdido. Me callo. Me ha entrado miedo, quisiera irme. Ahora ya no hay nadie. Quiero estar de nuevo en casa, y temo que al llegar nadie me reconozca. Ahora vivo en México. Por eso pido en este momento que me ayuden porque no me encuentro. He creído ver de espaldas a mi madre, he visto a mi padre reírse desde lejos, he conocido a mis hermanas de dos años, las he visto corriendo por la playa, con padres a los que no conozco…”.

Tapaculos goteando

Estos días nos ha visitado un frente húmedo, que ha dejado abundantes lluvias por nuestras tierras. En un momento que ha parado de llover he sacado estas fotografías de las gotas de lluvia sobre las ramas de un tapaculos, también conocido como escaramujo o rosa canina. La sabiduría popular otorgó el nombre de tapaculos a esta planta con alto contenido de taninos por sus propiedades antidiarreícas.

La curtida piel de los bancos rojos

_MG_4908.JPGLos bancos rojos de mi ciudad que tantas veces han sido cómplices de mis paseos también sufren sobre su rugosa piel de los efectos del paso del tiempo.

Otoñea en el Valle de Egüés

Los campos arados, los fardos de paja apilados y los árboles cada vez más desnudos proyectan bonitas imágenes a mis ojos, en un paseo ocasional por el Valle de Egüés. Porque hay que disfrutar del otoño, como diría el poeta uruguayo Mario Benedetti:

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
entremos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran

ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda

aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha

Azul en la calle Mayor de Lizarra

_MG_4956Dos niños recorren la calle Mayor estellesa, y regatean a su paso a los viandantes, en este frío día de otoño. Me gusta cómo casualmente el azul se ha convertido en el eje de la fotografía.

San Fermín es de madera

_MG_8886.JPGDe vez en cuando, al encontrar una frase brillante entre las paredes de mi ciudad, siento en mi cuerpo un pequeño escalofrío de placer. Entonces agarro la cámara y ¡taka!, como si inmortalizar esas palabras las librara de su destino, de su desaparición ante una nueva mano de pintura. Me gusta esta frase porque, efectivamente, San Fermín es de madera.

La castañica asadica más calentica

La castaña es un alimento ligado al frío del invierno. Un vendedor de castañas de la zona del ayuntamiento de Iruñea tiene escrito ese lema en su horno para asar castañas: “La castañica asadica más calentica”.  En el siglo XV las castañas eran, junto a las habas, el mijo o las bellotas parte fundamental en la dieta de los habitantes de las zonas húmedas del País de los Vascos. Alrededor de los caseríos solían realizarse plantaciones de castaños, cuyos frutos se dedicaban al consumo humano, y los que no estaban en buenas condiciones para alimentar a los cerdos. Más tarde llegarían otros alimentos procedentes del otro lado del Atlántico, como la patata o el maíz, que fueron arrinconando a estos productos.

La temporada de recogida de castañas coincidía con la fiesta de Todos los Santos. Hacia el 2 de noviembre las familias se juntaban para comer castañas asadas, y de ahí surgió el “Kastañarre eguna” o Fiesta de la castaña, que todavía se celebra en ciertas localidades.

En las fotografías, un paseo por la zona de Eugi, en Nafarroa, en donde abundan los castaños entre la masa de hayas.

Mañanas de otoño en la vieja Iruñea

Probablemente, el momento en el que más disfruto Iruñea en otoño es durante el amanecer. Salgo con mi cámara apenas los rayos otoñales rompen la oscuridad, y me pierdo por el laberinto de calles de nuestro casco histórico sin otro objetivo que ese, vagar sin rumbo por las calles con el botón de la cámara dispuesto para disparar. Durante el paseo me topo con panaderos, con gaupaseros, con los servicios de limpieza, con los peregrinos madrugadores, con monjas y curas, con personas que sacan a pasear a los perros, con corredores, con los vecinos que van al mercado o a comprar el pan, con alguna patrulla policial, con la pescatera que abre su negocio.. Me encantan las mañanas de Iruñea en otoño.

Una mariposa amarilla en Ezkaba

_MG_4510.JPGLos paseos otoñales por el monte Ezkaba deparan gratas sorpresas, como la presencia de esta mariposa, de la especie Colias Crocea. Son mariposas bastante comunes, que suelen volar entre marzo y otoño. Su presencia se extiende desde el norte de África al sur de Europa,  desde Asia Menor a la Península Arábica e Irán, desde la India a Siberia. Suelen realizar migraciones masivas dentro de Europa.

Los árboles lo vieron todo

Al observar cómo arquean sus troncos estos quejigos de la zona de Esparzeta, en Berriozar, mi mente viaja a los tristes sucesos de mayo de 1938. Los troncos se transforman en cuerpos humanos, el viento sopla entre sus ramas gritos de desesperación, y en la falda de la montaña rebotan los ecos de los disparos.

Cuando se produjo la fuga de la cárcel de San Cristóbal, la mayor parte de los huidos optaron por no descender por la falda sur del monte, la que daba a la capital navarra. Entre los que se atrevieron a probar suerte por esta vertiente están los cuatro fugados que, una vez apresados en Artika, pasaron la noche en la escuela de Berriozar para ser ejecutados a la mañana siguiente en el monte de esta misma localidad, en el término de Esparzeta que pisan mis pies.

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La Mariblanca pasa por la esteticien

Hace unas semanas, en el blog, publicamos unas imágenes de la Mariblanca en la Taconera, rodeada de andamios y de telas. Pues bien, las labores de restauración ya han finalizado, y así la podemos ver ahora, con su piedra pulida y blanquecina. En las fotos se puede apreciar la restauración a la que le sometieron cuando el año 2009, en un acto presumiblemente vandálico, le arrancaron la nariz.

Perrea, perrea

_MG_3776Entre las frases que adornan las paredes de la jungla urbana pamplonesa, otra más: “Viva el perreo, muerte al trabajo”.

Kafka en Sarriguren

_MG_4383_MG_4384Cuando desperté una mañana después de un sueño intranquilo en mi VPO, me encontré sobre la cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre mi espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Mis muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de mi tamaño, vibraban desamparadas ante mis ojos.

«¿Qué me ha ocurrido?», pensé.

Y salí preocupado a dar un paseo por Sarriguren.  Sentí un gran alivio al comprobar que no era el único al que había acaecido semejante metamorfosis. La pareja de escarabajos gigantes que encontré permanecía parada dentro de un pequeño parque. Les pregunté desde cuándo se habían transformado en eso, en escarabajos. Y me respondieron que sí, que ellos también estaban esperando a que su hija saliese de música, que luego iban a ir al Mercadona y que tenían que poner la lavadora y planchar la ropa de gimnasia, que luego iban a preparar las duchas, la cena, que iban a llamar a Movistar y que se les había olvidado qué les había preguntado.

Me despedí y seguí el camino ayudado por mis seis patitas.

El fantasma de San Pedro de la Rúa

Sé de muy buenas tintas que en los edificios adyacentes a la iglesia de San Pedro de la Rúa siempre han ocurrido cosas extrañas. A una persona conocida le tocó vivir por temporadas en una casa empotrada a los bloques de piedra de esta hermosa construcción. Una de las paredes del cuarto del fondo era la misma roca blanca de los cimientos de su gran torre. En esa habitación dormía ella cuando contaba con 9 ó 10 años de edad, arropada por sus dos primas, una a cada lado. Las primas, algo menores que mi amiga, pasaban miedo por las noches. Es por eso que dormían con la luz del cuarto encendida.

A eso de las 3 ó 4 de la mañana, mi conocida se levantó a apagar la luz, porque le molestaba para dormir. La apagó y, en ese mismo instante, la puerta del cuarto se abrió de golpe y una risa de carácter malvado comenzó a resonar por el cuarto, con un timbre potente y escalofriante. Como una exhalación, esa pequeña niña se metió en la cama entre las dos primas, con el corazón a cien por hora y muerta de miedo. Pasó un rato hasta que determinó probarlo de nuevo. Se propuso encender la luz. Al levantarse, la misma voz de antes le advirtió: -Chiiiisssss. Sigue leyendo

Una cara

_MG_3857.JPGEsta inquietante cara está pintada sobre la puerta de una bajera abandonada de la calle Dos de Mayo, en Pamplona.

Sol de otoño sobre la catedral pamplonesa

Los amaneceres de los primeros días de otoño bañan de un color dorado muy especial la catedral de Iruñea, que se proyecta imponente desde una de las perspectivas preferidas de este blog.

No nos dejasteis soñar

_MG_0308.JPGEsta frase la hallé en la parte posterior de los Corralillos del Gas, que es en donde pasan las últimas horas los toros que van a desollar y matar en el coso durante los sanfermines. Es una frase poética y reivindicativa, que pone de manifiesto que si no se tratan, a la larga, las injusticias generan problemas. Me recuerda a algo que me contó un vendedor ambulante africano el año pasado: “Los europeos podréis poner todas las rejas que queráis por miedo a perder vuestra situación de privilegio, pero el instinto de supervivencia es capaz de vencer cualquier barrera”.

El dibujo del “unto” sobre el plato

_MG_9422_MG_9421Para los prekarios salir a comer a un restaurante resulta algo excepcional. No estamos habituados a que nos sirvan la comida. Por eso, cuando nos zampamos el bocata de tortilla de atún que hemos llevado para pasar el día, y miramos hacia abajo para pasar el rato, nos quedamos embelesados con los dibujos que el paso del trozo de pan ha dejado sobre los platos de los comensales del restaurante.